¿Pero....cuánto tiempo...?
Una tarde un nieto estaba charlando con su abuela sobre acontecimientos actuales. Entonces, preguntó qué pensaba la abuela sobre los tiroteos en las escuelas, la era de los ordenadores, y sobre todo en general. No. Setenta y nueve.
No había radares, tarjetas de crédito, rayos láser ni patines en línea.
No se había inventado el aire acondicionado, el lavaplatos ni la secadora, y las prendas se colgaban a secar al aire fresco.
El hombre todavía no había llegado a la Luna y no existían los aviones a reacción para pasajeros.
Tu abuelo y yo nos casamos y después vivimos juntos y en cada familia había un papá y una mamá.
La palabra gay era una palabra respetable en inglés que significaba una persona contenta, alegre; no un homosexual, que cariñosamente llamábamos locas.
De lesbianas, nunca habíamos oído hablar. Y los muchachos no usaban aritos ni se tatuaban el cuerpo.
Era antes de las citas por Internet, las dobles carreras universitarias, las terapias de grupo, los psicólogos, y las salitas de atención médica.
Hasta que cumplí veinticinco y llamé a cada policía y a cada hombre, Señor y a cada mujer Señora o Señorita.
Cuando no sabía distinguir entre una y otra, y a una mujer madura le decía Señora, enseguida me corregía ofendida –“¡Seeeñoritaaaa! ¡Y por mis 4 costados!”- (La virginidad no producía cáncer).
Nuestras vidas estaban gobernadas por los 10 Mandamientos, el buen juicio y el sentido común.
Nos enseñaron a diferenciar entre el bien y el mal, y a que debía ser responsable de mis propios actos.
Servir al país era un privilegio, y vivir en este país, con el orgullo de quererlo, una gracia especial aún mayor.
Creíamos que la comida rápida era lo que la gente comía cuando estaba apurada y que la hamburguesa era una mujer de una ciudad alemana.
Tener una relación íntima era llevarse bien con los primos o con los allegados.
Tiempo compartido significaba el que la familia compartía por el día y por la noche, no el hecho de compartir un piso o una hipoteca y verse cinco minutos.
Nunca habíamos oído nada sobre música estereofónica, radio FM, cassettes, CD´s, móviles, máquinas de escribir eléctricas, calculadora, (por no hablar de los portátiles), ni conocíamos el yogurt.
A los relojes se les daba cuerda cada día.
No existía nada digital, ni los relojes ni los indicadores con numeritos luminosos en los aparatos del hogar ni en las máquinas.
Hablando de máquinas, no existían las de hacer hielo, ni los cajeros automáticos, niradio relojes despertadores, ni hornos microondas.
Por no hablar de los reproductores de vídeo ni de las videocámaras…
Escuchábamos a las grandes orquestas en la radio.
Si en algo se leía Made in Japan no se valoraba tanto como lo propio.
No existía Made in Korea, ni Made in Taiwan.
No se había oído hablar de Pizza Hut, Mc Donald´s, ni del café instantáneo, o los edulcorantes artificiales.
No existían los alimentos light y se comía mejor y más rico.
En mi tiempo, hierba era algo que se cortaba y no se fumaba, coca era una gaseosa, y la música de rock la que hacía la mecedora de la abuela.
Chip significaba un pedazo de madera, y el software no existía.
Fuimos la última generación que creyó que una señora necesitaba un marido para tener un hijo.
No asombra que ahora nos llamen viejos y confundidos y digan que hay un vacío generacional…
¿Cuántos años crees que tengo?
- ¿¿¿Más de cien??? Preguntó el nieto…
